La fama de los augures de Vasconia en el Imperio Romano y el origen de agur (adiós)

 

 

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La fama de los augures de Vasconia en el Imperio Romano y el origen de agur (adiós).

 

 

Uno de los pasajes más desconocidos en la historia de los vascos es su milenaria tradición adivinatoria que se ve reflejada en diferentes textos a lo largo de los siglos. La primera referencia a este apego de los vascos por la adivinación, a través del vuelo de las aves en el cielo, lo encontramo s en la "Vita Alexandri Severi" escrita alrededor del año 400 d.C. en el que se narra la vida del emperador romano Alejandro Severo (208 -235 d.C.).    

"Era experto en astrología y, de acuerdo con su mandato, los astrólogos llegaron a establecerse oficialmente en Roma y ejercieron abiertamente su arte, con la finalidad de proporcionar información. Estaba también versado en la ciencia de los arúspices y era un observador de las aves, tan experto, que aventajaba tanto a los vascones de Hispania como a los augures de Panonia".

Una crónica que denota la fama de la que disponían los augures vascones durante el Imperio Romano como buenos adivinadores. Las artes adivinatorias eran parte imprescindible de la forma de vida romana, y fueron muy importantes desde la misma fundación de Roma. No se llevaba a cabo ninguna guerra o se tomaba ninguna resolución importante para el imperio sin el visto bueno de los augures. Para ello los augures de Roma tenían habilitados recintos en la ciudad para llevar a cabo sus prácticas adivinatorias que conllevaban la paralización total de la zona circundante para no intervenir en el vuelo de las aves en el cielo y la predicción fuese, por tanto, certera. Cuando los emperadores romanos abrazaron la fe cristiana se acabaría finalmente por prohibir la adivinación.

Después de la desaparición del Imperio Romano, el apego de los vascos por la adivinación a través del vuelo de las aves en el cielo persistió. Beamundo, biógrafo de San Amando, que vivió entre los vascones durante los siglos VI y VII, indica alrededor del 650 que:  

"...llegó finalmente a ellos y de ellos oyó que cierto pueblo, que la Antigüedad llamó vaceos, y que ahora es llamado por el vulgo vascones, se engaña demasiado por un extravío, de tal manera que se entrega a los augurios y a todo error e incluso adora a ídolos en vez de a Dios...".

Son una constante en las crónicas medievales por parte de gentes forasteras la negatividad y las descalificaciones de todo tipo con las que describen a los vascos, culpándoles de todo pecado y vicio, debido a que son considerados incivilizados al hablar todavía una lengua no latina, y por seguir siendo mayoritariamente fieles a una religión no cristiana, a la religión vasca, a la de la diosa Mari.

Son constantes también en estas crónicas el asignar un origen erróneo a los vascos, en este caso, emparentándolos con los vaceos o vacceos que eran celtas; al igual que el abad Oliva de Ripoll, cuatro siglos después, les asignó un origen ibérico, denominando al rey Sancho el Mayor de Pamplona-Nájera que sometió a vasallaje a los condados catalanes como "rex ibericus" (rey ibérico). El abad Oliva, que fue contemporáneo de Sancho el Mayor, en sus escritos hizo alusión también al apego por la adivinación de los vascos refiriéndose a los súbditos de Sancho el Mayor, de nuevo negativamente, de esta manera:  

"pues, además de otros vicios, se sabe que están entregados a tres crímenes pésimos: uniones incestuosas, embriaguez y augurios".

La adivinación del futuro a través del vuelo de las aves en el cielo, al igual que otras prácticas propias de la antigua religión vasca, acabarían en el siglo XVII, con posterioridad a los grandes procesos inquisitoriales, a través de los cuales decenas de sacerdotisas (sorginas) y creyentes de esta religión fueron quemados en la hoguera acusados de brujería.  

Sin embargo, estas antiguas prácticas adivinatorias de los vascos han quedado presentes en nuestro idioma. Cuando decimos agur (adiós), que proviene de la palabra latina augurium, y que era antiguamente utilizada tanto para saludar como para despedirse, se deseaba un buen augurio a la persona que se saludaba o despedía. Cuando decimos zoriona (felicidad), en realidad decimos "buen pájaro", de zori (pájaro) y ona (bueno). Cuando decimos zoritxarra (desgracia), decimos en realidad "mal pájaro" de zori (pájaro) y txarra (malo). O cuando decimos zorionak (felicidades), en realidad le deseamos a la persona que se lo decimos: "buenos pájaros". Ya que zori que actualmente se asocia con el significado de "fortuna, suerte o destino" era la forma antigua del actual txori (pájaro).

 

 

 

 

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