Blas de Lezo y Olabarrieta, el comandante general vasco que impidió la expansión de Inglaterra en Sudamérica

 

 

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Blas de Lezo y Olabarrieta, el comandante general vasco que impidió la expansión de Inglaterra en Sudamérica.

 

 

Blas de Lezo nació en Pasajes (Guipúzcoa) el 3 de febrero de 1689 dentro de una familia de grandes navegantes. Realizó sus estudios en Francia y a la edad de 12 años dejó los estudios para enrolarse como guardamarina al servicio del hijo de Luis XIV de Francia, Luis Alejandro de Borb ón, conde de Toulouse. En aquel tiempo España y Francia eran aliados lo que llevó a un intercambio de oficiales y de escuadras entre los dos países permitiendo que Lezo comenzara su carrera en navíos franceses.

En la guerra de sucesión española que enfrentó a las coronas de Castilla y Navarra (partidarias del candidato borbónico al trono de España) y la corona de Aragón (partidaria del candidato austriaco) participará en los batalla de Vélez-Málaga en 1704, la más importante del conflicto, en el bando borbónico. En esta batalla, después de batirse valerosamente en la contienda, una bala de cañón le destrozó la pierna izquierda teniendo que ser amputada, sin anestesia. Por el valor demostrado en la batalla sería ascendido por Luis XIV como alférez de navío. El perder la pierna izquierda con tanto sólo 15 años no supuso un impedimento en su carrera militar que siguió ascendiendo imparablemente.

En los sucesivos años fue mejorando su táctica, su estrategia y su pericia en el combate. Luchó contra los ingleses en el Mediterráneo, donde gracias a su ingenio se burló de los cercos enemigos. En 1705 es herido de nuevo en Toulon (Francia) donde pierde un ojo. Sin pierna y tuerto, en 1710, alcanza la fama al rendir 10 barcos enemigos fuertemente armados cuando era teniente de guardacostas. Ese mismo año, al mando de una fragata, derrota y captura al Stanhope, un navío inglés de 70 cañones.

En 1713, ya capitán de navío, en los últimos momentos de la guerra de sucesión española, se destacó en el asedio a Barcelona. En esa batalla un balazo le inutilizaría el brazo derecho.

Entre 1715 y 1730, convertido en uno de los capitanes más célebres de la Armada, patrulló el Caribe y el Atlántico, luchando contra la piratería. Participó también en una expedición al Pacífico, entonces llamado Mar del Sur, para limpiar las aguas españolas de corsarios ingleses. La experiencia de estos años es fundamental en el futuro de Lezo, aprende los puntos flacos de los británicos, grandes dominadores de los mares, y al mismo tiempo, estudia en profundidad la capacidad defensiva del Imperio Español.

Vuelve al Mediterráneo y en 1731, en una operación contra la República de Génova, que se negaba a entregar dos millones de pesos de España que estaban retenidos, amenazando a la ciudad con sus seis navíos, rescata el dinero sin un sólo disparo.

Aquel dinero es utilizado para financiar la futura expedición contra la ciudad de Orán (Argelia) en la que Lezo participó, haciéndola rendir. Posteriormente esta ciudad fue asediada por el famoso pirata Bay Hassan, con lo que Lezo tuvo que volver, levantar el sitio y perseguir al caudillo argelino hasta su refugio en Mostaganem (Argelia), donde lo derrotó definitivamente.

En 1734, fue ascendido con honores a teniente general de la Armada y destinado a Cartagena de Indias en 1737, donde es ascendido como comandante general.  

En aquella época al estar extendido el Imperio Español en América por vastos territorios que iban desde Oregón (EEUU) hasta más al sur de Santigo de Chile, cada ciudad colonial no podía disponer de guarniciones numerosas para protegerlas, con lo que cada ciudad estaba protegida por pocos soldados, generalmente mal armados y con poco sueldo. Lezo, al ver las limitaciones, se dedicó a reforzar las defensas y trazar planes para proteger la ciudad.  

En aquellas épocas el tráfico de ultramar de España era asediado continuamente por corsarios ingleses, que entorpecían e interrumpían el tráfico entre las diferentes colonias españolas. En 1738, un guardacostas español, Juan León Fandiño, en las costas de Florida, apresó un barco corsario y cortó como castigo la oreja de su capitán, Robert Jenkins, al tiempo que le dijo, según lo indicado por el corsario inglés ante la cámara de los Lores de su país: "Ve y dile a tu rey que lo mismo le haré si a lo mismo se atreve". Fue la excusa perfecta para dar lugar a lo que los ingleses llamaron "la Guerra de la oreja de Jenkins" con el objeto de comenzar la expansión inglesa en Sudamérica.

Primeramente el almirante inglés Vernon condujo una escuadra que, en 1739, saqueó la ciudad de Portobelo, en Panamá. Animados por la victoria los ingleses pondrían sus miras en Cartagena de Indias, la joya del Imperio Español. Ante sus imponentes fortificaciones se presentó Vernon en marzo de 1741 con una flota que incluyó: 186 naves que artillaban más de 2.000 cañones. Un despliegue de naves que fue considerada como "invencible".

Entre marinos, soldados y otros efectivos, Vernon llevó ante las costas colombianas unos 30.000 hombres. En frente, los españoles no tenían más de 4.000, incluyendo auxiliares indígenas y milicianos negros armados para la ocasión.  

Lezo no se sintió amedrentado por el despliegue naval. Evacuó a la mayor parte de la población civil y preparó a sus soldados y auxiliares para un asedio largo. Sólo tenía seis barcos por lo que era imposible enfrentarse navalmente a 186 barcos. Hundió sus naves para dificultar el acceso a la bahía de Cartagena y concentró sus tropas en la fortaleza de San Felipe de Barajas, la mejor del complejo defensivo. Vernon malinterpretó el repliegue táctico y envió a Inglaterra un barco para anunciar lo que consideraba una victoria hecha.

Lezo con gran talento repelió uno tras otro cada uno de los asaltos ingleses. Economizó cada bala y cada hombre. No preparados para una acción tan larga los ingleses se vieron castigados por el hambre y las enfermedades.

Lezo, con gran ingenio, mandó cavar en secreto un foso alrededor de las murallas de la ciudad. Cuando los ingleses se dispusieron a lanzar el ataque final sobre la ciudad, se dieron cuenta que sus escalas eran cortas y no pudieron entrar en ella.

Refugiado en los barcos, Vernon cañoneó una y otra vez la ciudad, pero la falta de provisiones y la peste que se declaró entre sus tropas le impidió seguir adelante con su intento de conquista.

Lezo escribió a Vernon diciéndole: "Para venir a Cartagena es necesario que el rey de Inglaterra construya otra escuadra mayor, porque ésta sólo ha quedado para conducir carbón de Irlanda a Londres".

El 20 de mayo, la flota inglesa abandona Cartagena de Indias y con ella el sueño de extender el poder inglés a esta ciudad, que abriría las puertas de la sucesiva conquista de Sudamérica. Si hoy se habla castellano en América del Sur y no inglés es debido a este comandante general vasco.  

Lezo, después de la marcha de la flota inglesa, se contagiaría de la peste extendida entre los ingleses y moriría poco después en Cartagena de Indias, el 7 de septiembre de 1741, a los 52 años de edad. Se desconoce su lugar de enterramiento.
 

 

 

 

 

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