Napoleón cruzando los Alpes

 

 

Artículos de Historia, Lingüística y Antropología Vascas (índice)

 

 

El Imperio Napoleónico en el País Vasco.

 

 

El ascenso al poder de Napoleón (9 de noviembre de 1799) supuso la firma del segundo Tratado de San Ildefonso con España. La destrucción de la flota española que conjuntamente con la francesa, había sido estrepitosamente derrotada en Trafalgar a manos de los ingleses (21 de octubre de 1805), donde perdió la vida el almirante guipuzcoano Txurruka, hizo perder a Napoleón el deseo de mantener una relación equilibrada con su socio español pues, sin barcos, de nada podía servirle ya para hacer frente al poderío naval inglés.

Se firmó el Tratado de Fontainebleau (octubre de 1807) a través del cual el ejército franco-español penetraría en Portugal, eliminaría a un molesto aliado de Inglaterra y permitiría el engrandecimiento territorial de España y, de paso, se establecería en el sur un pequeño principado para el propio Godoy. El tratado se puso en marcha con rapidez y un ejército francés al mando del general Junot atravesó la península y ocupó Portugal sin grandes dificultades. La familia real portuguesa de los Braganza se vio obligada a huir a Brasil, donde fue transportada por una flota inglesa. La necesaria utilización de las rutas españolas por parte del ejército napoleónico era una buena ocasión para convertir la intervención en ocupación.  

Precisamente cuando acababa de producirse el destronamiento de Carlos IV en Aranjuez y el nuevo monarca, Fernando VII, se disponía a entrar en Madrid, las tropas del general Murat, que había sido puesto al mando de las operaciones en España, dejaban cada vez más claras sus intenciones de ocupar el territorio español.

Napoleón aprovechó la confusión creada por el Motín de Aranjuez y llamó a Baiona (Lapurdi) a los dos reyes con el pretexto de mediar en la resolución del conflicto que se había producido entre el padre y el hijo. En Baiona, Napoleón actuó con gran habilidad y consiguió que Fernando VII renunciase a la corona en favor de su padre sin saber que éste había ya cedido sus derechos al propio emperador. De esta forma, Napoleón quedaba dueño de los destinos de España y era libre para establecer un sistema que le permitiese mantener el control sobre aquel país. Con ese objeto obligó á su hermano José, rey de Nápoles, a que aceptara la corona española, a lo que éste se resistió en un principio. Y para darle la mayor apariencia de legalidad a este cambio de dinastía en España, convocó para el 15 de junio de 1808 en Baiona a una serie de notables, de acuerdo con la antigua tradición estamental, pero incorporando representantes de Álava, Guipúzcoa, Navarra, Vizcaya, territorios de América... para presentarles la nueva constitución española redactada por los franceses.

El texto constitucional estaba inspirado en la nueva legislación francesa pero moderada con la introducción de algunos elementos tradicionales. Los representantes vascos pretendían lograr el mantenimiento de las leyes e instituciones forales, calificándolas de "Constitución Foral". Los sectores liberales y reformistas vascos, especialmente los comerciantes de los núcleos urbanos y los grandes terratenientes, eran partidarios de la nueva constitución pero los sectores tradicionalistas vascos eran contrarios a esta, uniéndose estos últimos a la resistencia española en contra de la ocupación francesa.

En 1810, la nueva frontera del Imperio Francés se situaba en el Ebro. Por lo que las actuales Euskadi y Navarra quedaban incluídas en el imperio. Álava, Guipúzcoa y Vizcaya estaban unidas dentro del Gobierno de Vizcaya y Navarra era gobernada a través del Gobierno de Navarra. Desaparecían las instituciones forales tradicionales, siendo sustituídas por los consejos provinciales. El político labortano Dominique-Joseph Garat ideó para Napoleón el proyecto de reunir todos los territorios peninsulares y continentales de cultura vasca, dentro del Imperio Francés, en un único ente administrativo autónomo denominado "Nueva Fenicia", un ente administrativo que finalmente no se puso en marcha.

Desde agosto de 1808 se empezaron a llevar a cabo ataques por parte de guerrilleros tradicionalistas tanto a convoyes franceses como a autoridades españolas que colaboraban con los franceses, los llamados "afrancesados". Dado que estos guerrilleros estaban en contra de la ocupación francesa y de los principios de la revolución liberal. En los años sucesivos continuó la extensión de este fenómeno. En 1811, en Vizcaya, para luchar en contra del liberalismo y recuperar las leyes e instituciones forales, se formó una Junta compuesta de curas y propietarios partidaria de la lucha contra los franceses. Finalmente, en 1813, tras las derrotas francesas en las batallas de Vitoria (21 de junio) y de San Marcial (agosto), las tropas napoleónicas cruzaron el Bidasoa.

En tiempos de oposición al rey francés fue redactada y aprobada otra Constitución liberal en Cádiz (1812), la única ciudad española que aunque sitiada por tierra, no fue ocupada por los franceses. Mientras las Juntas Generales de Álava y Guipúzcoa la aceptaron, las Juntas Generales de Vizcaya manifestaron ciertas reticencias.

En la imagen, Napoleón cruzando los Alpes.

 

 

 

 

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