Excavaciones arqueológicas en la necrópolis de Vigaña, perteneciente al concejo de Belmonte de Miranda (Asturias)

 

 

Artículos de Historia, Lingüística y Antropología Vascas (índice)

 

 

¿Alianza entre los vascones y los astures?

 

 

La época altomedieval que comprende los siglos posteriores a la caída del Imperio Romano en la cornisa cantábrica es una etapa muy desconocida, que va gradualmente esclareciéndose en función de los diferentes hallazgos arqueológicos.

Los hallazgos en las necrópolis de Aldaieta (cerca de Vitoria, Álava) y Buzaga (Elortz, Navarra) están replanteando el estudio de la historia vascona del siglo VI al VIII. Así como el replanteamiento de los hallazgos de la misma época en Pamplona. En los ajuares de estas necrópolis encontramos armamento abundante que difiere totalmente de los visigodos o hispanovisigodos que no poseen armamento alguno. Así como la utilización de un tipo de armamento (hachas de combate, lanzas, espadas, puñales...) que hasta ahora solamente se podía encontrar en Aquitania. La cerámica, bronce y vasos de vidrio, cubos de madera hechos con un estilo que, otra vez, solamente se habían podido encontrar en una de las zonas más romanizadas de la Europa occidental, Aquitania.

Los enterramientos de esta época, por tanto, no tienen nada que ver con la imagen ruda, primitiva y salvaje con la que se ha dibujado a los vascones de esta época. Los enterramientos vascones difieren totalmente con los visigodos o hispanovisigodos y se asemejan a los aquitanos. Estas necrópolis demuestran que con el declive del Imperio Romano y posterior invasión de las tribus germanas, a ambos lados de los Pirineos, se comienza a crear un poder político nuevo, continuador de la forma de vida romana, en el que lo vascón y lo aquitano se desdibujan en los propios cronicones merovingios (francos). Un nuevo poder vasco-aquitano que constituyó el último bastión en la Europa occidental que defendió la permanencia de las instituciones y forma de vida romanas frente a las invasiones germanas, enfrentándose, al norte, con los invasores francos, y al sur, con los invasores visigodos, y que fue capaz de desarrollar una red de núcleos defensivos estables, con un armamento eficaz y renovable periódicamente, permitiéndole luchar constantemente durante tres siglos.

La mayoría de este tipo de enterramientos en la península se encuentra en territorio vascón, en las actuales Euskadi y Navarra, fuera de estos territorios, al occidente, solamente se había encontrado uno en Cantabria, hasta que en el año 2012 se encontró otro del siglo VII en la necrópolis de Vigaña, en el occidente de Asturias, cerca de la antigua zona fronteriza con el Reino Suevo que gobernó en Galicia y norte de Portugal.

La persona enterrada en Vigaña posee una espada (scramasax) que estaría introducida en una vaina sujeta a una suspensión de la que se han conservado dos pequeñas hebillas, una de ellas de bronce; su ajuar posee también un cuchillo largo y otros objetos de metal.

Los territorios de los antiguos astures y cántabros, al igual que los de los vascones, en el siglo VI son considerados como territorios que se encontraban al margen del gobierno suevo o visigodo.

En la crónica de Alfonso III, en lo que respecta al reinado del rey visigodo Wamba del siglo VII, se indica que “Astores et Vascones crebo rebellantes” (astures y vascones continuamente rebelándose).  

Las excavaciones siguen adelante en la necrópolis de Vigaña intentando desentrañar el pasado de esas tierras y la relación que hubo entre astures y la alianza vasco-aquitana para que sus enterramientos fueran similares, quizá fruto de una alianza de los astures, vascones y aquitanos para luchar contra sus enemigos comunes, los invasores germanos, que intentaban someterlos y que llevó a que compartieran unos mismos usos y costumbres.

El entendimiento de esta etapa histórica es vital, dado que, cuando desaparece la amenaza visigoda, surge una nueva amenaza, la musulmana. Existen muchas lagunas en la comprensión del motivo por el que, en el siglo siguiente, en el VIII, los vascones occidentales se desvinculan del Ducado de Vasconia y de Aquitania, y confluyen con asturianos y cántabros, a través de enlaces matrimoniales de la monarquía asturiana entre asturianos, cántabros y vascones, dando lugar al Reino de Asturias. Una alianza posiblemente generada por la necesidad defensiva contra los invasores musulmanes. El reino asturiano tuvo dos focos de expansión territorial: la asturiana, que daría lugar al posterior Reino de León; y la vascona occidental, fruto de la fortificación de Álava contra los ataques musulmanes, que daría lugar al Condado y posterior Reino de Castilla.

El motivo de la construcción de numerosos castillos que protegían a Álava, fue por la necesidad defensiva de este territorio, dado que desde él entraban todos los ataques musulmanes al Reino de Asturias. En los siglos VIII, IX y X Álava comprendía las actuales Álava, Vizcaya y la franja occidental de Guipúzcoa fronteriza con Vizcaya, donde actualmente se habla el dialecto occidental, popularmente conocido como vizcaíno. El dialecto occidental nació en Vitoria y se expandió posteriormente tanto a Vizcaya, a la franja occidental de Guipúzcoa y, en la reconquista, por la mitad este de la provincia de Burgos, La Rioja y norte de Soria. Burgos capital fue durante varios siglos la frontera lingüística entre el euskara (hablado en la mitad este de la provincia de Burgos) y el romance castellano (hablado en la mitad oeste de la provincia de Burgos, Cantabria, las Encartaciones de Vizcaya y varias zonas fronterizas de Álava con la provincia burgalesa). El euskara dejaría de ser hablado en pueblos de la provincia de Burgos en los siglos XV-XVI.

El sustrato lingüístico vasco existente tanto en el castellano como en el astur-leonés oriental (hablado en la mitad este de Asturias y zona fronteriza de Cantabria) denota algún tipo de bilingüísmo vasco-romance, quizá todavía en tiempos altomedievales, en territorios de Cantabria y Asturias, que con los avances en el estudio de esta época podrá ser comprendido.

En la imagen, excavaciones arqueológicas en la necrópolis de Vigaña, perteneciente al concejo de Belmonte de Miranda (Asturias).

 

 

 

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