Catalina de Erauso, la monja alférez

 

 

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Catalina de Erauso, la monja alférez

 

 

Nacida en San Sebastián (Guipúzcoa), según su partida de bautismo en 1592 y según su autobiografía en 1585. Su padre fue el capitán Miguel de Erauso. Nacida dentro de una familia acomodada, de renombre en la ciudad, su rebeldía acarreó que con apenas cuatro años sus padres la ingresaran en un convento pasando todo tipo de penurias al ser humillada y maltratada por las novicias. A los 15 años logra escapar del convento y disfrazada de hombre, para no ser descubierta, se llama a si misma como Francisco de Loyola. Durante toda su vida viviría bajo una identidad masculina, cambiándose de nombre en varias ocasiones. Después de diferentes vicisitudes trasladándose de una localidad a otra trabajando en casas de nobles, en 1603 llega a Sanlúcar de Barrameda y consigue una plaza de grumete en un galeón que parte hacia América capitaneado por un tío suyo, Esteban de Egiño, que no la reconoció vestida de hombre.

En Cartagena de Indias (Colombia) se pone al servicio de Juan de Urkitzu que era un rico mercader vasco de Trujillo (Perú), su carácter fuerte y combativo le envolvió en numerosas ocasiones en reyertas con hombres del lugar y acabó matando a uno. Sin embargo, la buena relación que tenía con Juan de Urkitzu que quiso ayudarle en el embrollo que se había metido, y la intervención del también vasco corregidor de Trujillo, Orduño de Agirre, hizo que la enviaran a Lima, capital del Virreinato del Perú, y ahí comenzara a trabajar como tendero para otro acaudalado mercader vasco, Diego de Lasarte.

Su carácter combativo y aventurero la hizo dejar su puesto de tendero y alistarse como soldado para luchar contra los araucanos (mapuches) de Chile, que durante muchos siglos supusieron un verdadero quebradero de cabeza para el Imperio Español y para la posterior República de Chile. Por su valentía en el combate en la batalla de Valdivia le ascendieron a alférez.  

Vivió en Chile durante tres años en la casa de su mismo hermano, Miguel de Erauso, que era secretario del gobernador, sin que éste supiera que era su hermana. En Chile participó en innumerables riñas y peleas de taberna. En la ciudad de Concepción (Chile) dio muerte al Auditor General refugiándose en una iglesia, que fue cercada durante 6 meses, saliendo finalmente libre. En una noche accidentalmente mató a su propio hermano y tuvo que huir a Buenos Aires (Argentina), yendo después a Tucumán (Argentina), de allí también debió salir huyendo porque se comprometió a casarse con dos mujeres. En tres meses consiguió llegar hasta Potosí (Bolivia) donde trabajó de sargento mayor. En Chuquisaca (Bolivia) le acusaron de un asesinato que no había cometido y fue encarcelada.

Después en Charcas (Bolivia) se dedicó a comerciar con trigo y ganado. Pero su carácter le hizo verse inmersa, de nuevo, en sucesivas reyertas por lo que fue condenada a muerte y tuvo que huir a Cuzco (Perú). En la ciudad salió herida de una reyerta y fueron tan graves las heridas que pidió confesión, revelándole al sacerdote que era una mujer. Vascos le ayudaron a salir de Cuzco hacia Huamanga (Perú), entre ellos el secretario del obispo Bautista de Arteaga, y fue obligada a ser monja en el Convento de Santa Clara de la ciudad. El obispo hizo pública la vida de la monja alférez, que fue posteriormente trasladada al Convento de la Santísima Trinidad de Lima. Al recibir un documento indicando que no era monja profesa, consigue salir del convento y en 1624 volvió a la península, empezó a escribir su biografía, se entrevistó con reyes que quisieron conocerla e incluso el Papa le dio audiencia dándole permiso para vestirse de hombre pero sin que volviera a las andanzas del pasado. No pudiéndose olvidar de América volvería a ella en 1645, falleciendo en México pocos años después.

 

 

 

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