Óleo de Charles de Steuben “Bataille de Poitiers” (1834-1837)

 

 

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Odón el Grande, duque de Vasconia y Aquitania, se enfrenta a la invasión musulmana en la batalla de Poitiers.

 

 

En el 711 el rey visigodo Rodrigo estaba batallando de nuevo contra los vascones, siendo este momento aprovechado por los musulmanes enviados por el valí (gobernador) de Ifriquiyya (Túnez) Musa ibn Nusayr, y dirigidos por Tariq ibn Ziyad, para atravesar el Estrecho de Gibraltar y comenzar la conquista de la Europa cristiana.  

El rey visigodo, al tener noticias de la invasión musulmana, fue hacia el sur de la península para hacerles frente. En Wadi Lakka (Guadalete, Andalucía) tuvo lugar la batalla contra los ejércitos musulmanes en la que los visigodos fueron derrotados y Rodrigo perdió la vida, desapareciendo para siempre el Reino Visigodo.

Los musulmanes desde el sur peninsular fueron extendiendo su conquista gradualmente, no sólo en la península ibérica sino también en la antigua Septimania visigoda (territorios al norte de Cataluña). Esta situación alarmará a Odón el Grande, también conocido como Eudes, duque de los vascones y de los aquitanos, y también a los francos.  

Las crónicas que tratan sobre la época utilizan indistintamente las formas “duque de Aquitania” y “duque de Vasconia” para hacer referencia a los mismos duques; y utilizan también las denominaciones “Aquitania” y “Vasconia” para hacer referencia a los mismos territorios desde la zona pirenaica hasta el Loira (norte de Francia). Lo vascón y lo aquitano, por tanto, se desdibujan en las crónicas, siendo gobernados ambos pueblos por un dux (duque) cuyo origen étnico, galo-romano o vascón, no queda a menudo claro como en el caso de Odón el Grande, posible hijo del duque Lupo (forma latinizada del nombre medieval vasco Otsoa [ochóa], “el lobo”), que en las crónicas es citado como de origen vascón.

En la batalla de Tolosa, el 9 de junio de 721, Odón infligió una severa derrota a As-Samh ibn Malik, valí de Al Andalus, que pereció en el combate. Era la primera gran batalla perdida por los omeyas en Europa. El Papa declaró a Odón el Grande “campeón de la Cristiandad”.

Odón, para asegurar la paz, casó a su hija con el valí de la Septimania, Uthman ibn Naissa, que más tarde se rebelaría contra el gobierno andalusí. Esta alianza entre Odón y Uthman, cada vez más fuerte, no fue del agrado del franco Carlos Martel que acusó a Odón de incumplir el tratado de paz que tenían los vasco-aquitanos con los francos desde el 720, con lo que en el 731 los francos atravesaron la frontera en el río Loira saqueando varias ciudades de Aquitania. El duque Odón, ante el ataque franco de represalia, no pudo ayudar a su aliado musulmán que a su vez fue atacado y muerto en batalla por el valí de Al Andalus Abdul Rahman Al Ghafiqi. La hija de Odón, esposa de Uthman, sería enviada al harén de Damasco, capital del Imperio Omeya.

Sometido el rebelde, en el 732 Abdul Rahman Al Ghafiqi invade Vasconia y llega hasta Burdeos, Odón no puede detenerlo en Burdeos y es derrotado en la batalla del río Garona, frontera natural histórica entre Vasconia y Aquitania. Los ejércitos musulmanes se adentran en territorios aquitanos y siguen imparables hacia el norte.

En la batalla de Poitiers, también conocida como batalla de Tours, del 10 de octubre de 732, las tropas comandadas por Odón y las comandadas por el franco Carlos Martel unen sus fuerzas para luchar contra los ejércitos musulmanes. Abdul Rahman Al Ghafiqi es derrotado y perece en el combate. Esta batalla tiene una gran importancia histórica porque supuso el fin de la expansión musulmana hacia el norte de Europa, quedando gradualmente la zona de su dominio reducida a la península ibérica.

Posteriormente los francos acabarán sometiendo a Aquitania y a Vasconia, y a finales del siglo VIII lograrán entrar en la península ibérica a través de los Pirineos orientales, extendiendo su dominio desde la zona pirenaica de Vasconia hasta el Mediterráneo catalán.  

Muchos colonos provenientes de las Galias se asentarán en los nuevos territorios conquistados a los musulmanes, preferentemente en las zonas del este de la península; de su mestizaje con la población local surgiría la lengua y el pueblo catalanes.

Después de 74 años de la llegada de los musulmanes a Europa los francos conseguirán conquistar Girona en el 785 y Barcelona en el 801. Estableciendo a principios del siglo IX desde Navarra hasta el Mediterráneo catalán la conocida como Marca Hispánica Carolingia.  

Esta marca estaba compuesta por diferentes condados que eran dirigidos cada uno por un conde franco. A principios del siglo IX estos condes francos serán sustituidos por condes nativos de cada uno de los condados.  

En el 824 los vascones del norte de Navarra y noroeste de Aragón conseguirán independizarse de los francos dando lugar al Reino de Pamplona, dejando de formar parte su territorio a la marca carolingia. A partir de entonces los vascones a ambos lados de los Pirineos comenzarán caminos separados. Los del sur en torno al Reino de Pamplona y los del norte en torno al Ducado de Vasconia sometido a los francos, que posteriormente conocerá etapas de independencia conocido ya como Ducado de Gascuña y, finalmente, como Condado de Gascuña.

Frente a la Marca Hispánica franca se estableció la al-Tagr (Marca) al-A'lá (Superior) al-Andalusí (Andalusí), que junto con la Marca Siria eran las más importantes del Imperio Islámico, no sólo desde un punto de vista militar sino también de relaciones económicas y de convivencia entre cristianos y musulmanes. La “Marca Superior Andalusí” era la vanguardia del Islam y su defensa político-militar frente al occidente europeo cristiano, siendo su capital Zaragoza.

En el seno de esta marca nacería una nueva lengua y una nueva cultura en la ribera del Ebro zaragozana, la que actualmente conocemos como lengua y cultura aragonesa, siendo su lengua ampliamente utilizada en la Edad Media, en bilingüismo con el euskara, en el sur de Álava, sur de Navarra y La Rioja. A partir del siglo XIII, fruto de la expansión territorial e inflluencia económica de Castilla, el castellano se convierte en lengua de intercomunicación de la ribera del Ebro, siendo la lengua aragonesa desplazada y paulatinamente absorbida por el castellano, convirtiéndose en gran parte de esos territorios en un dialecto de la lengua castellana. Actualmente, la lengua aragonesa, hablada por 13.000 personas, se conserva en el Pirineo aragonés, zona a la que se expandió a partir de los siglos XIV-XV y sustituyó gradualmente a la lengua vernácula de la zona hasta esas épocas, el euskara. En el siglo XI, cuando nació el Reino de Aragón en tierras pirenaicas, la lengua de la mayoría de sus habitantes era el euskara.

En la imagen, óleo de Charles de Steuben “Bataille de Poitiers” (1834-1837).

 

 

 

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