Escudos de los burgos de San Cernín, Navarrería, Pamplona y San Nicolás.

 

 

 

Artículos de Historia, Lingüística y Antropología Vascas (índice)

 

 

La Navarrería y las guerras étnicas de Pamplona en la Edad Media.

 

 

El término Navarrería procede de la adaptación romance del vasco Nafarreria que a su vez está compuesto por el término vasco nafar (navarro) más el sufijo vasco de origen latino - eria que significa "conjunto de" y que es común en la derivación vasca [ gazteria (juventud), gizateria (humanidad), tresneria (utilllaje)... ]. Por lo que la palabra Navarrería significa "conjunto de navarros".

Se debe recordar que en la Edad Media se utilizaba la palabra navarro en un sentido tanto étnico (hablante de euskera) como político (vascón independiente del poder franco o asturiano), dado que la población de habla latina aragonesa, en su mayoría, comenzó a formar parte tardiamente del reino, cuando los euskaldunes (vascos) del centro y norte de Navarra extendieron la reconquista hacia las tierras llanas de la ribera del Ebro, gobernadas hasta entonces por los musulmanes; unos territorios que también estaban habitados por vascoparlantes, a tenor de los textos del siglo XIV de Tudela y de otras localidades ribereñas, en los que aparecen personas con nombre árabe y sobrenombre vasco. Tudela, la principal ciudad de la ribera navarra, no formó parte de Navarra hasta 1119, una época en la que el reino navarro se encontraba ya en clara decadencia. El apellido Navarro, por ejemplo, en sus orígenes, fue un sobrenombre romance que hacía alusión a la condición vascoparlante del que lo portaba.

En el año 1587, setenta y cinco años después de la conquista castellana, el español, lengua que sustituyó paulatinamente a partir del siglo XIII a la lengua aragonesa hablada en la ribera navarra, solamente abarcaba un tercio del territorio navarro. Todavía en el siglo XVIII el euskera era la lengua coloquial en Pamplona, por lo que resulta lógico que en la Edad Media lo navarro se asociara a lo vasco, dado que lo latino no formó parte de lo navarro hasta que los navarros vascoparlantes extendieron la reconquista hacia el sur.

El considerar lo latino, también, como algo navarro, no se daría hasta la dominación de Navarra por las dinastías francesas en el siglo XIV, cuando la ribera navarra se convirtió, ya desde el siglo XIII, en el motor económico del reino; lo que conllevó que la lengua mayoritaria de la zona, la aragonesa (la segunda lengua era la vasca), alcanzara el rango de lengua oficial en 1350, sustituyendo al latín en la redacción de los documentos de la corte. Si bien fue corta esta oficialidad, dado que a finales del siglo XIV principios del XV, el castellano, debido a la potencia política, económica y por tanto cultural de Castilla, había consumado la absorción de la lengua aragonesa y se comenzaron a redactar los documentos en castellano. La actual situación cultural navarra en la que el euskera es solamente hablado cotidianamente por el 10% de la población y otro 10% lo entiende, es el resultado de la dominación española de Navarra durante cinco siglos, que ha acarreado la progresiva desaparición de la cultura y la identidad propia de los navarros.

Los reyes de Navarra establecieron en las proximidades del Camino de Santiago a habitantes del Mediodía de Francia -gascones y occitanos en general- para que desarrollaran el comercio y las producciones nuevas. Esta nueva situación acarreará que las zonas que serán pobladas por los nativos de habla vasca, en los cascos antiguos de las principales localidades navarras de la época (Iruña [Pamplona], Gares [Puente la Reina], Lizarra [Estella], etc.), comiencen a recibir el nombre de Navarrería.

En la Edad Media, Pamplona, crecerá englobando a una basta población de orígenes distintos. Esto dará paso a una separación consciente de sus habitantes, por sus distintos orígenes y clases sociales, básicamente en tres barrios: Navarrería (poblada por campesinos navarros y cuyo centro era la Catedral), San Cernín (poblada por comerciantes de origen occitano que se desarrolla alrededor de la iglesia de San Saturnino) y San Nicolás (donde hay una mezcla de ambos siendo la iglesia de San Nicolás su centro neurálgico).

Sus diferencias se agudizaran de tal manera que se enfrentarán entre ellas, dando paso a una fortificación interna de cada barrio (tres amurallamientos dentro de una ciudad amurallada) con cada una de las iglesias realizando funciones de fortaleza.

Sancho VI el Sabio otorga a la Navarrería de Pamplona en 1189 el privilegio de los burgueses de San Saturnino: ... ut illam partem Pampilonensis civitatis que Navarreria dicitur et depopulata erat ualde, facerent populari ... La diferencia entre nativos y occitanos, su separación establecida como medida útil para mantener el orden, provocó, repetidas veces, luchas, verdaderas guerras civiles, como la que sobrevino en Pamplona en 1276, después de muchos años de turbulencia, debido a lo que los nativos consideraban excesivos privilegios que poseía la población de origen extranjero.

Hubo entre la Navarrería y los burgos occitanos de San Cernín y San Nicolás algunos acuerdos, como el de 1212, aunque luego volvieran las luchas llegando a la guerra descrita en occitano por un poeta de Toulouse, Guillermo de Aneliers, de modo muy hostil a los navarros. Según éste, eran estos navarros que desencadenaron la guerra de 1276 los habitantes de la vieja civitas (ciudad), los miembros de la aristocracia rural indígena, con sus servidores y algunos oficiales burgueses y menestrales, a los que se aliaron también los judíos:

 

Burgues é menestrals, sirventz et ynfançó
En la Navarreria malvatz conseyll fero
Que talassen las vinnas, li arbre e l'plançó

[ Burgueses y menestrales, sirvientes e infantes en la Navarreria malvados consejos hicieron para que talasen las viñas, los árboles y sus brotes ]

 

Se echaron, pues, sobre el burgo de San Cernín, destrozando y matando a muchos occitanos. Pero después llegó la revancha. Tropas enviadas de Francia entraron en la Navarrería, traicionada, en parte, por los nobles y el clero navarros, y la destruyeron, haciendo también gran matanza, sobre todo de judíos. Durante años hubo que hacer cuentas respecto a los daños ocasionados en este momento al sector eclesiástico, en la catedral, etc. Puede pensarse que la raíz más fuerte de las guerras civiles posteriores entre Beamonteses y Agramonteses, que terminan con la incorporación de la corona navarra a Castilla, se halla ya en esta guerra, en gran parte, de tipo étnico. Desde 1277 a 1323 la Navarreria continuó destruida, los reyes prohibieron reedificarla en cuarenta y ocho años. Lo que denota una postura de los reyes de Navarra, de origen francés, a favor de los occitanos que debió soliviantar a la población nativa. Vinieron después tiempos en que se intentó barrer las divisiones antiguas y Carlos III, en 1423, mandó derribar las murallas que había entre barrio y barrio.

 

 

 

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